Pensemos en el empleado ideal que entrega modelos financieros impecables, detecta errores que nadie más ve en la hoja de Excel o resuelve en una tarde lo que a otros les toma una semana. Pero cuando un cliente se molesta, cuando un compañero comete un error frente a él, o cuando alguien le pregunta cómo lleva la carga de trabajo, simplemente no sabe qué hacer, señala y expone, o prefiere cambiar de tema. Ahí es cuando se vuelve evidente que su carrera y su vida no avanzan igual fuera de la hoja de cálculo.
Evitar una conversación incómoda ahorra el conflicto de ese momento, aunque en el futuro cueste más: la relación con sus compañeros, la pérdida de nuevas relaciones y contactos para prosperar, incluso su día a día y bienestar laboral.
Solemos dar por sentado que no es necesario ser empáticos o altruistas en el trabajo porque lo importante es el rendimiento y los resultados, y sí lo es, al menos para el jefe en turno, pero no para construir estructura social de oportunidades.
Creemos que con poseer un dominio total de herramientas técnicas vamos a resolver cualquier situación. Sin embargo, la realidad laboral es más compleja: no importa qué tan bueno seas en tu trabajo, tus habilidades sociales van a determinar tu trascendencia y oportunidades. Las personas van a recordar cómo las hiciste sentir y no tus habilidades técnicas, y esa es una de las leyes más profundas que existen, ejecutada por siglos pero pocas veces narrada.
Las habilidades altamente técnicas sirven para avanzar en una carrera durante un tiempo, pero no para sostener trayectorias profesionales a largo plazo, ni construir una vida donde uno se sienta genuinamente acompañado o donde pueda lidiar exitosamente y de manera prolongada con puestos de liderazgo que no desgasten. Tarde o temprano, la falta de dominio en capacidades sociales nos pasa factura.
«Dominar una disciplina técnica deja de alcanzar en el momento en que esa disciplina exige coordinar personas»
La psicología lleva décadas estudiando estas capacidades sociales bajo el nombre de inteligencia emocional: la capacidad de reconocer las propias emociones y las ajenas, y de usar esa información para guiar el comportamiento. El psicólogo Daniel Goleman, famoso por sus estudios en esta área, describió cinco habilidades interpersonales que la sostienen: autoconciencia, autorregulación, motivación interna, empatía y habilidad para gestionar relaciones (Goleman, 1995).
A pesar de que somos seres sociales, no necesariamente contamos con capacidad social, más bien, al igual que el resto, estas habilidades se deben practicar, de la misma forma y con el mismo rigor con el que se practica cualquier otra habilidad técnica.
El ámbito profesional es una de las áreas que más requiere de estas habilidades, y con el cambio tecnológico, su valor, aumentó. Por su parte, el Foro Económico Mundial ubica el liderazgo y la influencia social entre las tres competencias más solicitadas para 2030 (Foro Económico Mundial, 2025), ya que dominar una disciplina técnica deja de alcanzar en el momento en que esa disciplina exige coordinar personas, resolver con claridad, hacer lo mejor y no solo lo correcto.
Ejercitar y practicar estas habilidades interpersonales es intimidante pero necesario, el psicólogo clínico Ryan Howes explica que lo que casi siempre nos frena a intentarlo es el miedo a perder algo: una relación, una imagen de nosotros mismos o la certeza de que valió la pena decirlo. Reconocer ese miedo, antes que evitarlo, es el primer paso para avanzar y practicar.
Hacerlo de manera constante, con consciencia y disciplina nos permite dominar la habilidad, ya sea para decir lo que hay que decir sin destruir un vínculo (personal o profesional), colocar límites con efectividad o darle solución fructífera a un conflicto. Y el termómetro para identificar que hemos realizado un proceso exitoso de dominio de habilidades sociales y construcción de la capacidad social, es la expresión de soluciones viables para cada situación.
Y esta misma capacidad, escalada a una organización completa, es lo que sostiene la infraestructura para operar óptimamente en el tiempo: los vínculos sanos con compañeros y equipos, la confianza que se refleja en el buen rendimiento, el aprovechar la fortaleza de los otros lejos de exponerlos o humillarlos.
Deloitte encontró el mismo patrón al estudiar cerca de 1,400 equipos de trabajo: cuando hay un dominio de capacidades sociales por parte de los miembros, los integrantes de los equipos de alto desempeño reportan sentirse más confiados con su líder, respetados por sus pares, decir que su equipo promueve una cultura donde las personas se enseñan entre sí y son casi tres veces más propensos a mejorar sus resultados (Deloitte, 2026). La confianza, ahí, no solo describe un ambiente agradable, sino la infraestructura necesaria para operar con eficacia: describe la condición que permite admitir un error, pedir ayuda o compartir lo que se sabe sin temer perder el lugar propio por hacerlo, y agiliza procesos que, sin ello, simplemente quedarían varados.
En el futuro laboral, el costo de no entrenar este músculo tiene nombre: rotación de personal, y con ella, pérdida de oportunidades y crecimiento. Cuando alguien se va sin haber transferido lo que sabe, o sin haber podido decir lo que le hubiera beneficiado a todos, esa organización pierde algo que ya había pagado una vez, el tiempo y el error que le tomó a esa persona aprenderlo. Sin un espacio donde ese conocimiento se transfiera antes de irse, alguien más tendrá que volver a aprenderlo desde cero, y la organización termina pagando por el mismo aprendizaje dos veces. Proteger tiempo para la mentoría, y construir espacios donde dar y recibir retroalimentación con respeto y horizontalidad, sale más barato que repetir esa curva de aprendizaje cada vez que alguien se va.
El acceso a una habilidad técnica no garantiza una trayectoria próspera si la persona no puede sostener las relaciones que esa trayectoria requiere, la movilidad económica y una vida con sentido dependen, en el fondo, de la misma capacidad, la social.
Esa capacidad se entrena en lo pequeño, en el día a día, practicando. Así que la próxima vez que creas que construir relaciones sanas profesionales con los demás no es necesario, piensa en el costo real que eso tiene para tu trayectoria o dentro de tu organización.
«Evitar una conversación no protege a nadie: solo pospone el costo y, casi siempre, lo hace más grande»
La pregunta que vale la pena hacerse esta semana es: ¿qué conversación pendiente evitas, en el trabajo o fuera de él, y qué necesitarías reconocer en ti mismo para por fin crecer a través de ella?
Con este artículo cerramos nuestra línea Educación y Futuro del Trabajo, en nuestro próximo artículo conocerás cómo estas habilidades nos ayudan a crear liderazgos regenerativos y cómo estos a su vez, crean acceso en el futuro del trabajo.
Fuentes agregadas
- Goleman, D. (1995). Emotional Intelligence: Why It Can Matter More Than IQ. Bantam Books.
- Foro Económico Mundial. (2025). Future of Jobs Report 2025. World Economic Forum. https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2025/
- Deloitte. (2026, 14 de enero). Human capabilities are at the heart of high-performing teams [Comunicado de prensa]. Deloitte. https://www.deloitte.com/us/en/about/press-room/high-performing-teams.html
- The New York Times (2023, 19 de octubre). [The Essential Skills for Being Human]. https://www.nytimes.com/2023/10/19/opinion/social-skills-connection.html
- The New York Times en Español (2024, 2 de mayo). [Una guía de habilidades sociales útiles para los adultos]. https://www.nytimes.com/es/2024/05/02/espanol/habilidades-sociales-adultos.html