Por Michelle Montano
Existe la idea de que la inteligencia artificial vuelve a las personas prescindibles, que el futuro del trabajo se está vaciando de lo humano y que quienes no logren incorporar las ventajas que la IA y la automatización trae consigo, se quedarán fuera. Es una idea seductora porque tiene un poco de verdad. Pero en el día a día y gracias a mi trabajo he descubierto que es, en buena medida, lo contrario también: que en un entorno incierto las capacidades más humanas son justamente las que permiten seguir avanzando.
Durante décadas hicimos grandes apuestas porque creíamos que el futuro podía verse con suficiente claridad. Estudiar una carrera durante años tenía sentido porque el trabajo resultante parecía estable y elegir una profesión implicaba imaginar una trayectoria relativamente predecible.
Hoy, las cosas distan mucho de como eran antes pero, contrario a lo que nos han hecho creer, lo que estamos viviendo no es el reemplazo de lo humano sino que es la disolución del horizonte sobre el que estábamos acostumbrados a decidir.
El catedrático de Berkeley Toby Stuart propuso recientemente una metáfora poderosa para describir este momento: vivimos dentro de una niebla que limita nuestra capacidad de ver el futuro con la claridad con la que se tomaban decisiones hace apenas una generación. Lo llama «la niebla de la IA», una opacidad nueva que vuelve casi imposible ver el futuro con la nitidez con la que se veía hace apenas unos años. Y los datos refuerzan su metáfora: El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial estima que el 39% de las habilidades clave del mercado laboral cambiarán antes de 2030, y que 22% de los empleos actuales se transformará estructuralmente en el mismo plazo.
En México, la Encuesta de Escasez de Talento 2026 de ManpowerGroup encontró que el 67% de las empresas no logra cubrir sus vacantes. Por primera vez, las habilidades relacionadas con inteligencia artificial superaron a la ingeniería y a las capacidades tradicionales de tecnologías de la información entre las más difíciles de encontrar.
Frente a esos datos, la primera reacción suele ser de ansiedad. La segunda, casi siempre, es el planteamiento de la pregunta equivocada: ¿qué debo hacer? o ¿qué tengo que aprender?
Y las respuestas inmediatas llegan a través de titulares que nos atrapan: “Cinco habilidades para no quedarse atrás”, “Diez competencias del futuro”, “Veinte certificaciones que te abrirán las puertas”.
La industria del contenido educativo aprendió a capitalizar la ansiedad con promesas rápidas y reactivas, pero el problema con estas listas es que ya nadie puede decir con certeza qué será de cierta profesión en diez años y, por lo tanto, ninguna lista puede sostener su promesa por mucho tiempo. Las listas asumen una visibilidad del futuro que dejó de existir.
Lo que da la tecnología vs lo que ponemos las personas
La inteligencia artificial nos da velocidad, optimiza tareas, acelera lo repetible. Pero el criterio para decidir qué hacer con esa velocidad, el propósito que orienta la decisión y la capacidad de leer un contexto que cambia los seguimos poniendo nosotras y nosotros.
Y algo fundamental es que la niebla hace que el criterio humano valga más. Justamente porque mientras las tareas técnicas se aceleran gracias a la IA, vuelven a ser visibles las capacidades que no se aceleran: discernir, decidir sin todos los datos, sostener un equipo en incertidumbre, abrir una conversación incómoda cuando algo dejó de funcionar. Nada de eso lo hace una IA y tampoco nada de eso lo enseña una certificación.
La pregunta importante ya cambió. Ya no es qué habilidades aprender, sino qué método nos permite seguir aprendiendo cuando el camino no se logra ver bien.
¿Y cuál es este método? Uno que permita reconocer las señales del cambio antes de que se vuelvan crisis. Que ayude a activar respuestas concretas en lugar de quedarnos paralizadas. Que abra rutas nuevas hacia un objetivo sin obligarnos a reinventarnos desde cero. Ese sistema tiene varios elementos, y hoy te estoy hablando de uno, la adaptabilidad, entendida como la capacidad de ajustarte a condiciones nuevas sin perder agencia ni capacidad de acción.
Pero hay algo que conviene decir con claridad, y es que la adaptabilidad no se aprende en solitario. Requiere varios accesos. Acceso a marcos para diagnosticar capacidades propias con honestidad. Acceso a comunidades donde lo aprendido se aplica y se valida. Acceso a rutas que no entrenan para un puesto sino para movernos entre oportunidades que todavía no sabemos cómo se verán. Cuando ese acceso no existe, la niebla deja de ser un fenómeno y se vuelve, otra vez, un mecanismo de exclusión. Por eso desde Impulsera sostenemos y defendemos que el acceso a habilidades no es caridad sino justicia económica y social.
Para terminar
Ninguna IA puede reemplazar al ser humano que diseña una trayectoria. Pero ningún humano, por más despierto que esté, puede sostener esa trayectoria en solitario y más cuando la niebla cubre el camino. Aprender, hoy, es una práctica compartida. Y la adaptabilidad, es una capacidad que se construye en comunidad.
Aprender en la niebla no es resignarnos al futuro. Es decidir, juntas y juntos, qué tipo de método construimos cuando el camino se borra.
Referencias
- ManpowerGroup. (2026). Encuesta de Escasez de Talento 2026 — México. ManpowerGroup México. https://blog.manpowergroup.com.mx/manpowergroup/escasez-de-talento-2026-mx
- ManpowerGroup. (2026, 26 de febrero). Global Talent Shortage Reaches Turning Point as AI Skills Claim Top Spot [Comunicado de prensa]. https://www.manpowergroup.com/en/news-releases/news/global-talent-shortage-reaches-turning-point-as-ai-skills-claim-top-spot
- Stuart, T. E. (2026, 27 de abril). The Future Is Shrouded in an AI Fog. Harvard Business Review.
- World Economic Forum. (2025). The Future of Jobs Report 2025. World Economic Forum. https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2025/