Hablar de mujeres y desarrollo económico no solo es hablar de justicia, por todos los años en los que ellas han pasado –y siguen pasando– sin acceso a las mismas oportunidades que los hombres, sino también es hablar de inteligencia, porque ellas tienen una capacidad productiva y un potencial transformador que sigue estando subestimado en muchas economías. No se trata solo de lo que es justo, sino de lo que es estratégico: aprovechar el talento, la visión y el liderazgo de las mujeres tiene impactos comprobables.
En América Latina, por ejemplo, las empresas con mayor presencia femenina en puestos de liderazgo superan en desempeño a aquellas con menor representación (McKinsey). Aun así, las brechas persisten: solo el 6% del capital de fondos de inversión llega a manos de mujeres emprendedoras, de acuerdo con la International Finance Corporation. Esta cifra no solo revela una profunda desigualdad de oportunidades, también nos habla de un potencial económico subutilizado. Según el Banco Mundial, cerrar esta brecha podría representar una oportunidad de desarrollo equivalente a 93 mil millones de dólares.
Con esta premisa en su organización, se celebró en la ciudad de México una nueva edición del Foro GLI Latam, el primer espacio en América Latina dedicado exclusivamente a impulsar la inversión con enfoque de género como vía para avanzar en la igualdad y acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Organizado por Pro Mujer, una organización pionera en inclusión financiera y empoderamiento femenino en la región, este encuentro reunió a liderazgos del sector inversionista, académico, social y corporativo para generar sinergias, compartir ideas y co-crear soluciones que transformen el panorama económico de la región desde una mirada feminista e inclusiva.
En este contexto, Mariana Levet, directora ejecutiva de Impulsera –una empresa social sin fines de lucro que busca cerrar la brecha de habilidades y conocimientos en Latinoamérica a través de programas de innovación que generan movilidad social– fue invitada como ponente en el workshop “Trayectorias de Crecimiento: Capacidades y Redes para el Desarrollo Productivo de las Mujeres”, junto con otras lideresas de organizaciones que, al igual que esta organización, trabajan por generar ecosistemas más equitativos y sostenibles desde lo local.

Los retos de transformar desde la base
Hackear la empleabilidad desde la base no ha sido fácil para esta organización durante estos 11 años de existencia, contó Mariana a la audiencia, y es que este camino no ha estado libre de obstáculos.
Democratizar el acceso a la innovación fue uno de los primeros retos a los que se enfrentó la organización. Enseñar que cualquier persona —sin importar su contexto— puede ser una solucionadora de problemas, una creadora de oportunidades y una generadora de valor en su comunidad. Para lograrlo, hubo que romper paradigmas, abrir espacios incómodos donde los “no se puede” se transformaran en motores creativos y en caminos nuevos por recorrer.
Otro gran desafío en el camino ha sido la construcción de ecosistemas de apoyo desde lo local. Y es que las soluciones más poderosas nacen en las propias comunidades, ya que se nutren de lo que ya existe y escalan con raíces firmes.
“Intervenir desde abajo hace que las soluciones escalen y se repliquen con mayor consistencia porque tienen una base muy sólida y se adaptan para ir más allá”, aseguró Levet.
Además, también ha sido esencial generar conciencia de que el aprendizaje no termina y de que innovar exige un compromiso constante con el desaprender y el volver a mirar, con humildad, el mundo que se quiere transformar. Y finalmente, que la sostenibilidad es clave: sin modelos viables, los proyectos mueren.
“Aquí es cuando las personas que acompañamos. se asumen como empresarios, se dan cuenta que no es un proyecto más sino un nuevo camino de vida profesional que pueden compartir con los que los rodean para hacerlo crecer”, sostuvo.
Por eso, formar innovadoras implica enseñar no solo herramientas, sino también una nueva manera de entender el propósito, la comunidad y el impacto.
No estar sola: la importancia de las redes de apoyo

Durante el taller, la directora ejecutiva también habló del valor de las redes. En Impulsera, las mujeres son protagonistas de cada solución. El equipo está conformado por consultoras, facilitadoras, maestras, diseñadoras y emprendedoras que se acompañan, se fortalecen y se transforman juntas.
Las participantes de sus programas, muchas de ellas mujeres que enfrentan barreras múltiples, se convierten en multiplicadoras del conocimiento y en agentes de cambio que replican, enseñan y generan impacto donde más se necesita. Y junto a ellas, una red de aliados comprometidos —como Pro Mujer— se suma a esta causa común de invertir en capacidades locales como la vía más eficaz hacia un desarrollo verdaderamente sostenible.
“En Impulsera no solo enseñamos innovación, creamos innovadores. No solo capacitamos, transformamos comunidades enteras a través de personas que aprenden a ver problemas como oportunidades y que tienen las herramientas para convertir esas oportunidades en soluciones reales. Porque creemos que cuando hackeas la empleabilidad de una persona, no solo cambias su vida: cambias el futuro de su familia, su comunidad y su país. Esa es nuestra apuesta por Latinoamérica”, aseguró.
Al compartir estas historias, Mariana dejó claro que la innovación no es un privilegio. Que cuando las metodologías se democratizan, se multiplican. Que los obstáculos, cuando se enfrentan en comunidad, se vuelven oportunidades. Y que la verdadera empresarialidad ocurre cuando se conectan las capacidades con las redes y el propósito.
En el panel acompañaron a Mariana Levet tres destacadas mujeres vinculadas al mundo del emprendimiento: Catalina Sánchez, gestora de emprendimiento en la Universidad de los Andes; Tabatha Mata, coordinadora de proyectos de emprendimiento en Fémina Oaxaca, un centro de negocios y desarrollo emprendedor exclusivo para mujeres; y Ana Victoria García, directora de Victoria 147, una reconocida incubadora especializada en potenciar proyectos liderados por mujeres.
Después del panel, Mariana tuvo la oportunidad de trabajar directamente con un grupo de mujeres participantes del foro, en una dinámica de reflexión colectiva. ¿Qué tipo de formación ha sido más útil para proyectos liderados por mujeres?, fue la pregunta detonante. Mariana compartió que en su experiencia, los procesos de formación más potentes combinan conocimiento técnico, desarrollo personal y construcción de comunidad. Porque el cambio no ocurre en solitario: necesita herramientas, pero también espejos, alianzas, referentes y espacios seguros para imaginar nuevas posibilidades.
En Impulsera estamos contribuyendo a construir un ecosistema latinoamericano donde la empleabilidad, la inversión y el impacto social tenga nombre de mujer, en el que las conexiones se vuelvan alianzas estratégicas y los aprendizajes escalen a cada vez más comunidades. Así seguiremos demostrando que cuando se invierte en mujeres, se invierte en la construcción de un futuro próspero.
Si trabajas en empleabilidad, inversión de impacto o innovación social en América Latina, en Impulsera queremos conectar contigo. Porque cuando las personas se reúnen con un propósito común, se crean soluciones concretas que responden a los retos de nuestras comunidades y que pueden crecer, adaptarse y llegar a otros territorios.