“La tecnología no es un conjunto de herramientas. Es un reflejo de quién decide, para qué y desde dónde se construye el futuro.”
— Paola Ricaurte, investigadora en tecnología y justicia digital
❖ La paradoja: más tecnología, más exclusión
Estamos rodeados de tecnología. Pero no todos estamos incluidos en lo que esta produce, decide o transforma. Mientras las ciudades inteligentes crecen, muchas comunidades aún carecen de conectividad básica. Mientras se desarrollan algoritmos para predecir el consumo, hay familias que siguen sin acceso a diagnósticos de salud.
En Impulsera lo vemos de cerca: jóvenes talentosos con ideas brillantes, pero sin computadoras. Mujeres que quieren emprender, pero usan smartphones prestados. Profesores que diseñan proyectos con sus alumnos desde redes intermitentes y sin herramientas digitales.
La brecha no es solo de acceso. Es de relevancia, al no responder a las necesidades reales de quienes más podrían beneficiarse; de diseño, porque muchas soluciones tecnológicas no consideran los contextos locales, las habilidades o los recursos disponibles; y de poder, al permitir que solo unos pocos decidan qué tecnologías se crean, cómo se implementan y para quién. Y es ahí donde entra el concepto que queremos abrir esta semana: tecnología apropiada.
❖ ¿Qué es la tecnología apropiada?
El término no es nuevo. Fue acuñado en los años 70 por el economista y pensador británico Ernst Friedrich Schumacher, autor de “Lo pequeño es hermoso”, un libro que cuestiona el crecimiento económico desmedido y propone tecnologías centradas en las personas.
Sus ideas siguen vigentes y más aún; hoy, su propuesta cobra una nueva urgencia debido al avance acelerado de tecnologías que, aunque poderosas, a menudo ignoran los contextos locales, agrandan las brechas sociales y concentran el poder en pocas manos.
Una tecnología es apropiada cuando es:
- Adecuada al contexto local (infraestructura, cultura, idioma)
- Sostenible y reparable con recursos del entorno
- Comprensible y gobernable por quienes la usan
- Diseñada para resolver, no imponer
Es lo contrario de la “solución llave en mano” que llega desde Silicon Valley a resolver problemas que no se entienden. Es el software que se adapta al barrio, la plataforma pensada con —no para— la comunidad, el sensor que se alimenta de energía solar porque no hay red eléctrica. Y es que a veces la mejor manera de comprender concretamente de lo que hablamos son ejemplos tangibles de su aplicación, por lo que aquí les dejamos algunos:
❖ Casos que inspiran: tecnología desde los márgenes
Caso: Nabta Health (Emiratos Árabes, Egipto)
Nabta es una plataforma de salud digital diseñada por y para mujeres en contextos de mayoría musulmana. En lugar de importar modelos occidentales, parte de un enfoque culturalmente sensible, que combina inteligencia artificial con atención médica híbrida (virtual y presencial).
Está pensada para funcionar con conexiones inestables, integra traductores humanos, y pone la privacidad como centro ético. Su meta no es solo eficiencia médica, sino empoderamiento en entornos donde hablar de salud femenina aún es tabú.
¿Qué enseña?
Que apropiado no es solo técnico. Es contextual, cultural y político, ya que responde a realidades locales, respeta valores sociales específicos y desafía estructuras que históricamente han invisibilizado a ciertos grupos.
Caso: BOSCO Uganda
BOSCO es una red de centros digitales comunitarios conectados por red inalámbrica en regiones rurales del norte de Uganda. Usan energía solar, equipos reciclados y software libre para operar redes inalámbricas e intranets locales conectadas entre comunidades y así acabar con el aislamiento causado por la guerra en los campos de desplazados en la región. Su foco: educación, coordinación comunitaria y acceso a gobierno electrónico.
El enfoque de BOSCO va más allá de traer internet, sino que busca formar redes de producción local de conocimiento, capacitan a jóvenes como facilitadores tecnológicos locales, ofrecen formación en alfabetización digital y emprendimiento, y adaptan contenidos educativos y cívicos a los contextos locales.
¿Qué enseña?
Que la inclusión digital no es solo conectar, sino es construir infraestructura tecnológicamente sostenible y socialmente significativa, que empodere comunidades para producir y gestionar su propio conocimiento y desarrollo.
❖ Lo apropiado como principio de diseño
En Impulsera hablamos mucho de herramientas. Pero sobre ellas, siempre nos preguntamos: ¿útiles para quién? ¿Desde qué realidad? ¿Con qué consecuencias?
Por eso, al hablar de tecnología apropiada, proponemos 4 preguntas esenciales para cualquier diseño:
- ¿Quién participa en la definición del problema tecnológico?
- ¿Se puede adaptar, reparar o modificar localmente?
- ¿A quién deja afuera?, y, ¿cómo podríamos incluirlo sin “conceder”, sino co-crear?
- ¿Qué saberes del territorio se incorporan como tecnología no codificada?
Porque sí, una red de colaboración comunitaria también es una tecnología. Una rueda de mujeres también es una plataforma. Un cuaderno de campo puede ser tan poderoso como un dashboard si fortalece la capacidad de las personas para tomar decisiones y transformar su entorno.
❖ Pregunta poderosa para innovar con justicia
¿Estás diseñando tecnología para que simplemente funcione… o para que tenga sentido y arraigo en la vida de quienes la usarán?
Esa es la diferencia entre una solución útil y una solución que crea justicia.
En Impulsera creemos que el futuro no necesita más gadgets. Necesita más herramientas que miren el entorno, escuchen sus necesidades y hablen el idioma de lo posible.