“Los unicornios priorizan el retorno rápido a costa de todo. Las cebras construyen valor compartido, cuidan el ecosistema y sobreviven a largo plazo.” — Zebras Unite, manifiesto fundacional
En el mundo empresarial, el emprendimiento y las empresas sociales, las reglas parecen muy claras: crecer y escalar a toda costa. Si tu empresa no se multiplica en tres años, si no presume métricas que deslumbran a inversionistas, si no respira obsesión por el crecimiento exponencial… entonces escuchamos el famoso “no sirve” o “no funciona”.
Pero antes de asumir esa postura, conviene preguntarse: ¿Según quién se define qué es éxito? ¿En función de qué criterios medimos el valor de un proyecto? ¿Y a costa de qué se alcanza ese crecimiento que tanto se celebra?
Porque, ¿qué pasa si estos objetivos son completamente distintos desde la raíz y desde nuestro propósito? Si tu proyecto no quiere dominar el mercado sino cuidar a las personas con las que trabaja, si no busca escalar verticalmente sino multiplicarse en red, o si no persigue la disrupción agresiva sino la reparación comunitaria, entonces la lógica del “unicornio” —ese tipo de empresa emergente valorada en más de mil millones de dólares y celebrada por crecer a toda velocidad— no solo es inútil, sino dañina.
Esta lógica no reconoce los propósitos particulares de cada organización y los margina cuando no se ajustan a su narrativa.
Sin embargo, cada vez que un dogma es retado, nace otra posibilidad. De ahí surge Zebras Unite, un movimiento que propone una nueva forma de entender el éxito empresarial, alineada con la filosofía de las empresas con propósito.
En 2017, cuatro mujeres emprendedoras dijeron “ya basta” a la narrativa del unicornio y fundaron Zebras Unite, una red global con más de 10,000 personas en 30 países, que cuestiona el modelo de negocio impulsado por venture capital, priorizando la salud de las personas, las comunidades y el planeta por encima del crecimiento rápido y desmedido.
El símbolo de la cebra es más que una metáfora, y es muy poderoso porque es un recordatorio de que las empresas con propósito pueden coexistir con la rentabilidad.
La cebra es real, no mítica como el unicornio; vive en manada y se cuida entre sus iguales; su rayado blanco y negro representa la posibilidad de combinar impacto social y económico; y su camuflaje natural refleja que no busca sobresalir sola, sino operar en simbiosis con su entorno.
Los principios «cebra» que están cambiando el juego
Las empresas con propósito que adoptan esta filosofía priorizan la sostenibilidad económica, pero no a costa del bienestar del equipo ni del entorno. Buscan colaborar por encima de competir, expandiendo vínculos y redes de valor compartido en lugar de solo multiplicar ingresos.
La gobernanza se distribuye y las decisiones se toman de manera compartida, evitando la concentración de poder en un solo fundador. Rechazan inversiones que exigen salidas rápidas y buscan capital ético con horizontes largos, alineado con sus valores y su misión.
Y todo, en su conjunto, las lleva a ser excelentes a la hora de crecer. Según un estudio de EY, estas empresas tienen hasta un 38% más de probabilidades de reportar un crecimiento de dos dígitos en un período de tres años.
Además, un análisis independiente realizado por Deloitte concluyó que las empresas con propósito ganan mayor participación de mercado y crecen tres veces más rápido en promedio que sus competidores, todo mientras logran una mayor satisfacción tanto de empleados como de clientes.
Las cebras no solo logran crecer de manera sostenible y rentable, sino que construyen comunidades más fuertes, fortalecen el bienestar de sus equipos y generan un impacto positivo en la sociedad a largo plazo.
¿Por qué es particularmente importante para América Latina?
En América Latina, esta visión es particularmente relevante. La mayoría de nuestros proyectos ya funcionan como empresas con propósito, aunque no lo llamemos así. Nacen para resolver problemas reales, no solo para “disrumpir”, operan desde las comunidades y prefieren cuidar antes de escalar.
Sin embargo, al no nombrarlo, no se financian adecuadamente, no se celebran ni se protegen.
Existen ya ejemplos globales que muestran cómo estas narrativas están cambiando el juego: Enspiral en Nueva Zelanda, una red de emprendimientos sociales sin jerarquías, que funciona con propósito compartido y autonomía radical o Start.coop, una aceleradora que apoya cooperativas tecnológicas para escalar sin sacrificar valores de equidad.
¿Cómo impulsamos a las «cebras» desde Impulsera?
En Impulsera trabajamos para que más proyectos en Latinoamérica puedan convertirse en verdaderas empresas con propósito.
Al ser una organización sin fines de lucro que democratiza el acceso al conocimiento y ayuda a cerrar la brecha de habilidades, lo hacemos de manera muy práctica: acompañamos a emprendedores y organizaciones a diseñar modelos de negocio sostenibles y regenerativos; los conectamos con otras iniciativas para que crezcan en red; les damos herramientas para que las decisiones no dependan solo de una persona, sino que puedan ser tomadas de manera más participativa y justa; y proponemos nuevas formas de medir el éxito, más allá de las utilidades, poniendo en el centro el valor social y humano que generan.
Al final, queda la reflexión abierta: ¿Tu proyecto nació para competir o para colaborar? ¿Para escalar o para regenerar? ¿Para ganar solo o para construir con otros?
¡Tal vez siempre has sido una cebra y es momento de mostrar tus rayas!