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“Si quieres cambiar un sistema, cambia el modelo que lo alimenta.”
Donella Meadows, científica ambiental y pionera del pensamiento sistémico.

 

 

El problema que no se ve: diseñamos para operar, no para transformar

 

Durante décadas, hablar de modelos de negocio fue hablar de estructuras de ingresos, de eficiencia operativa, de cómo optimizar un modelo que “ya funcionaba”. El modelo era la maquinaria, no la brújula. La herramienta, no la narrativa.

Y eso tiene consecuencias. En un mundo plagado de crisis sistémicas, colapso climático, desigualdad estructural y exclusión digital, seguir diseñando negocios como si fueran máquinas aisladas es como fabricar remos para un barco con rumbo equivocado. ¿Cumple su función? Quizás. ¿Transforma? No.

En Impulsera, nos topamos con esta situación una y otra vez. Jóvenes que quieren crear impacto, mujeres que emprenden para sostener familias, profesores que sueñan con transformar sus comunidades… pero que, no logran visualizar las rutas para hacerlo o una ejecución más eficiente o ambiciosa y terminan por operar dentro del mismo sistema.     

Por eso en nuestros programas, antes de hablar de logos o pitch decks, que sería lo tradicionalmente conocido en el mundo de los negocios, hablamos de sistemas, porque el modelo de negocio bien diseñado puede ser algo más que un camino para vender: puede ser un marco para redistribuir valor, regenerar vínculos y desafiar lo que parecía inamovible.

 

Un modelo es más que un lienzo: es una declaración política

 

Hay algo profundamente ideológico en la forma en que diseñamos nuestros modelos. ¿Para quién se crea valor? ¿De dónde se extraen los recursos? ¿Qué hace que un modelo se considere exitoso? ¿Quién decide?

Estas preguntas no suelen estar en la primera página de un pitch. Pero definen todo, porque un modelo de negocio es un sistema de ingresos pero también una forma de contar el mundo.

Tomemos un ejemplo inspirador: Too Good To Go, la app danesa que conecta a comercios con excedentes alimentarios con consumidores dispuestos a comprar “packs sorpresa” a bajo costo. Lo que a simple vista parece una solución ganar-ganar —menos desperdicio, comida accesible y comercios con ingresos adicionales— es, en realidad, una apuesta por rediseñar las reglas del juego alimentario. Con cada pack, la app no solo reduce el desperdicio: educa, transforma y redistribuye, al recordarle al consumidor que el “desperdicio” no es inevitable, sino un fallo del sistema que puede convertirse en una oportunidad.

 

Ver el modelo como un sistema vivo

 

En Impulsera usamos una metáfora sencilla para enseñar esto: un modelo de negocio no es un plano de ingeniería sino un organismo vivo.

Eso significa que:

  • Respira: se adapta a cambios del entorno (clima, cultura, comunidad)
  • Se alimenta: de relaciones, saberes locales, recursos tangibles e intangibles
  • Crea vínculos: genera flujos de valor más allá del dinero
  • Evoluciona: aprende de los errores, muta con el tiempo, incorpora feedback

Y cuando se diseña desde esta mirada, emergen posibilidades antes impensadas: modelos basados en el acceso en lugar de la propiedad, en la colaboración más que en la competencia, y en el propósito por encima del retorno financiero.

¿Lo mejor? No solo es teoría, lo podemos visualizar y palpar. Desde plataformas comunitarias de suscripción para productos básicos, hasta licencias sociales que permiten replicar modelos en red sin necesidad de franquicias verticales.

El modelo ya no es un producto final. Es un experimento continuo que aprende y crece con su comunidad.

 

¿Cómo empezar a diseñar desde esta lógica?

 

Aquí va una pregunta guía que usamos en nuestras mentorías en Impulsera:

“¿Qué parte de tu modelo actual podría transformarse si en vez de extraer valor, buscara generarlo con otros?”

Esta sola pregunta cambia el enfoque completo. Y desde ahí, proponemos algunas rutas iniciales:

  • Redibuja tu lienzo de modelo de negocio agregando capas de impacto no financiero
  • Mapea las relaciones invisibles que tu modelo activa o desactiva
  • Analiza tu lógica de escalabilidad: ¿replica estructuras extractivas o construye nuevas formas de comunidad?
  • Integra indicadores de regeneración: ¿qué deja mejor al territorio, cultura o ecosistema del que partes?

 

Lo que sigue: redibujar las reglas

 

Este mes, en el blog de Impulsera, vamos a ir abriendo este mapa. Exploraremos casos que ya lo están haciendo (como Too Good To Go), herramientas para diseñar con impacto regenerativo, señales del futuro y entrevistas con quienes están hackeando el business-as-usual desde dentro.

Pero antes de avanzar, te dejamos una pregunta:

¿Tu modelo de negocio tiene alma… o solo es una estrategia de venta?

La respuesta no está en una métrica. Está en tu comunidad. En lo que tu modelo deja después de operar. En si las personas, el territorio y el ecosistema están mejor porque tu negocio existe.

Eso es rediseñar desde el propósito. Eso es lo que, en Impulsera, llamamos un modelo vivo.