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«iLab es la suma de tropiezos, de sueños truncados, de ideas sin momento.»

Así comienza la historia que Víctor Moctezuma, nuestro fundador, narra cuando le preguntan sobre los orígenes de lo que hoy conocemos como un ecosistema de innovación con propósito. No habla de planes de negocio ni de grandes inversiones, sino de algo más humano y poderoso: la frustración creativa y la rebeldía constructiva.

Cuando la inconformidad encuentra método

Era 2013. Mientras caminaba por los pasillos del MIT, Víctor observaba a estudiantes debatiendo apasionadamente ideas que apenas entendía. Vio a un joven de 18 años construir un dron para probar una teoría física y se preguntó: «¿Por qué no podemos hacer esto en Latinoamérica?»
No era una pregunta retórica. Era un desafío.

En nuestra región, el 56% de la fuerza laboral opera en condiciones de informalidad. El 70% de los microemprendedores trabajan por necesidad, no por oportunidad. Los jóvenes pasan en promedio 3.3 años sin estudiar ni trabajar. La brecha no es solo de recursos; es de metodologías, de herramientas cognitivas, de sistemas que conecten problemas con soluciones viables.
La pregunta evolucionó: ¿Cómo crear un laboratorio donde las ideas pudieran desarrollarse con método, donde la innovación no fuera privilegio de élites sino derecho de cualquiera con voluntad de transformar su realidad? ¿Por qué seguimos esperando que otros resuelvan nuestros problemas cuando tenemos el ingenio aquí mismo?

iLab

En agosto de 2014, después de 8 meses de planeación y con la inspiración del Regional Entrepreneurship Acceleration Program del MIT, nace iLab en Xalapa, Veracruz. No nace como una institución, sino como un experimento social: un espacio físico donde 166 jóvenes provenientes de 46 municipios aprenderían a desafiar el «no se puede» sistemático de nuestro entorno.
El nombre mismo es una declaración de principios. La «i» representa ese yo creativo que todos llevamos dentro pero que raramente encuentra expresión estructurada. Como explica Víctor: «Quería que se experimentara con el miedo para hacer las ideas realidad y que el espacio permitiera eliminarlos uno a uno.»

El éxito no tardó en llegar. En 2015, el Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab (J-PAL) y el Banco Mundial seleccionaron a iLab para evaluar el impacto en sus graduados. En 2016, obtuvimos el Premio Nacional del Emprendedor otorgado por la Presidencia de la República mexicana.
Pero lo más valioso no eran los premios, sino lo que sucedía en las aulas, convertidas en laboratorios de vida: jóvenes que nunca habían salido de sus comunidades desarrollaban tecnologías para problemas globales, microempresarios descubrían el poder de la innovación frugal, profesores transformaban sus métodos de enseñanza y las convertían en iniciativas poderosas capaces de mejorar su comunidad.

Desenredando la maraña

«Literalmente jugando empezamos a rayar garabatos y esa fue la clave; caos, confusión, desorden que causa orden.»
Este momento de aparente descontrol dio vida no solo a un logo, sino a una metáfora visual poderosa: la maraña. Esos hilos caóticos que, vistos desde otra perspectiva, revelan patrones para quien sabe buscarlos.
Es precisamente esta metáfora la que dio forma al modelo central que hoy conecta todo lo que hacemos: el Systemic Problem Solving®. Un método que permite a cualquier persona, sin importar su origen, profesión o nivel socioeconómico, convertirse en un innovador y líder en su comunidad.
El modelo opera en tres niveles:
1. Entiende el sistema del problema, lo que hace que aparezca y cómo prevenirlo
2. Identifica patrones y organiza la solución para hacerla accesible e incluyente
3. Delimita variables y desarrolla conocimiento, recursos, tecnología y modelos aplicables
La belleza del modelo es que puede aplicarse tanto a un emprendedor universitario creando una startup tecnológica como a un profesor rural transformando su comunidad, o a una corporación buscando reinventarse frente a la disrupción digital.

De laboratorio a ecosistema

Para 2018, lo que empezó como un espacio físico se había convertido en un ecosistema multidimensional. ThinkCamp formaba innovadores tecnológicos con más de 100 premios internacionales; Eureka convertía ideas en negocios; las aulas operando como laboratorios de innovación social transformaban comunidades.
Estábamos construyendo algo más grande que nosotros mismos. Lo confirmamos cuando, en 2019, Tec Review nos reconoció como «Iniciativa de Transformación Social».
Pero fue la pandemia de 2020 la que aceleró nuestra propia transformación. Con las actividades presenciales suspendidas, tuvimos que reimaginar nuestra forma de operar, no nos paralizamos, nos reinventamos. Adaptamos toda nuestra oferta a formatos digitales y expandimos nuestra presencia internacional a Argentina, Colombia, Perú y otros países de Latinoamérica.
Esta expansión nos llevó a una claridad organizacional: necesitábamos dos estructuras complementarias que reflejaran nuestra doble misión.

iLab e Impulsera: Dos visiones que se complementan

En 2023, completamos lo que informalmente llamamos «la gran bifurcación estratégica», que suene a capítulo de The Big Bang Theory no es casualidad.
iLab se consolidó como consultora de innovación empresarial, ofreciendo servicios de consultoría, formación de talento ejecutivo y diseño de soluciones innovadoras para empresas y organizaciones.
Impulsera emergió como organización sin fines de lucro dedicada a democratizar el acceso al conocimiento y cerrar la brecha de habilidades en Latinoamérica, operando programas de alto impacto social.
Formalizamos dos entidades con un propósito compartido pero roles distintos. El modelo no es solo ético sino estratégicamente sólido: iLab genera ingresos a través de servicios profesionales y reinvierte sus utilidades en Impulsera, que a su vez desarrolla las metodologías y el talento que nutren a iLab.

Los números que importan

Once años después de aquel primer experimento en Xalapa, el impacto es tangible:
• 616 jóvenes innovadores formados en 22 generaciones de ThinkCamp que crearon 192 proyectos de innovación tecnológica.
• 103,861 personas capacitadas a través de Eureka
• Más de 30,000 unidades de negocio lanzadas al mercado
• 2,217 profesores transformando el aula con innovación sistémica
• 25 programas empresariales que han capacitado a 2680 ejecutivos de empresas líderes.
Pero más allá de las cifras, está la transformación cualitativa: hemos convertido el «no sé cómo no lo hice antes» en el combustible para futuros emprendedores, transformando la frustración en acción y el miedo en método.

Del impacto a la escala: democratizando herramientas

Estos resultados plantearon un nuevo desafío: ¿cómo llevar nuestras metodologías más allá de nuestros programas directos? ¿Cómo desafiar la idea de que la innovación requiere facilitadores expertos y espacios privilegiados? La respuesta surgió de lo inesperado: un mazo de cartas que democratiza el pensamiento disruptivo.

Innovación en la palma de tu mano: Ten Malas Ideas

En 2023, como parte de nuestra estrategia para democratizar la innovación, desarrollamos nuestra primera herramienta física: Ten Malas Ideas, un deck de cartas de innovación que utiliza el modelo y la metodología desarrollados por iLab.
Lo definimos como un laboratorio de creatividad de bolsillo con el que no solo podrás generar ideas, sino que hackeará tu forma de pensar, llevándote por caminos en donde lo absurdo se convierte en una ventaja, lo que suena ridículo revela oportunidades y lo que otros descartan, tú lo transformarás en estrategia.
«Porque las mejores ideas, antes de ser brillantes, fueron malas» —este lema captura perfectamente la esencia de la herramienta.
En 2024 lanzamos la primera edición al mercado, disponible tanto en inglés como en español, y ya en 2025 hemos lanzado una nueva edición con modificaciones en los mazos, dinámicas mejoradas y un playbook digital que proporciona más contexto e información a los usuarios.
El impacto de Ten Malas Ideas ha trascendido fronteras. Hemos facilitado diversos workshops utilizando esta herramienta: desde el encuentro anual de Global Entrepreneurship Network en Puerto Rico 2024, pasando por talleres sobre el futuro de la educación en Medellín, Colombia en el marco del evento Deeper Learning, hasta sesiones con la comunidad C12 enfocadas en innovación logística.
Lo más valioso de esta iniciativa es que todos los ingresos obtenidos por la venta de este producto se destinan íntegramente a los programas e iniciativas de impacto social que impulsa Impulsera, cerrando así el círculo virtuoso entre innovación y propósito social.

Hacia el mañana:

¿El objetivo? Formar a más de 12,000 personas directamente hacia el 2027
Los próximos tres años representan una etapa de escalamiento estratégico. Nuestra visión incluye:
• Expandir Maestros Que Dejan Huella para impactar a 120 profesores, creando al menos 120 proyectos de innovación comunitaria
• Relanzar ThinkCamp con enfoque en soluciones climáticas
• Acelerar a poblaciones vulnerables en Latinoamérica para que desarrollen 300 unidades de negocio innovadoras
• Formar 3,000 líderes en economía circular
• Distribuir 9,000 kits de Ten Malas Ideas, democratizando nuestras metodologías

De la maraña al propósito

Cuando Víctor observaba aquellos garabatos que eventualmente se convertirían en el logo de iLab, intuyó algo profundo: que en el aparente caos existe un orden latente esperando ser descubierto.
Nuestra historia como organización refleja esa misma intuición. Lo que comenzó como un impulso rebelde, una frustración con el status quo,  ha evolucionado en un sistema que transforma vidas metodológicamente.
De ese mismo proceso reflexivo surgió también la marca Impulsera, representando esa fuerza que impulsa el cambio y la transformación. No es un péndulo que se mueve por inercia, sino un movimiento contundente y decidido, donde cada acción genera ondas expansivas de impacto. Impulsera encarna esa convicción de que el cambio requiere empuje, determinación y método —la fuerza necesaria para vencer la resistencia de sistemas arraigados y crear algo nuevo y mejor.
iLab e Impulsera son hoy dos fuerzas complementarias de un mismo propósito: democratizar la innovación, convertir problemas en oportunidades, y transformar ideas en impacto tangible:
Las preguntas que nos hacemos ahora son, ¿Qué problema, aparentemente insoluble, podría transformarse en tu próxima innovación con propósito?¿qué maraña necesitas desenredar en tu organización, comunidad o vida?