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Lectura estimada: 6–7 minutos

Este no es un artículo sobre productividad, sino sobre algo más profundo: nuestra cultura, el lugar donde nos tocó nacer y cómo nuestras capacidades son las herramientas que tenemos para navegarla.

El mundo nos abruma: la situación ecológica, una crisis humanitaria y la macroeconomía que no entendemos, pero sabemos que influye en cómo vivimos. Nosotros, por nuestra parte, seguimos luchando cada día por crear la vida que queremos vivir. La pregunta es: ¿cómo sostenerla en este mundo?

En América Latina es pan de cada día: hay personas que llegan primero, se van al último y aun así sus proyectos no avanzan. Hay equipos que trabajan hasta tarde y, al final del mes, los resultados son casi los mismos que al punto de partida. Las personas que trabajan más no son las que consiguen mayor éxito. Entonces, ¿por qué algo no cuadra?

En un entorno donde el 39% de las habilidades consideradas relevantes hoy serán distintas para 2030, según el Foro Económico Mundial, la pregunta que importa no es cuánto trabajas. Las preguntas correctas son: ¿para qué?, ¿cómo lo haces? y ¿a dónde te va a llevar?

En un mundo complejo, cambiante y retador como lo es América Latina, la capacidad de detenerse, leer el contexto y tomar decisiones con criterio es la habilidad que, paradójicamente, se vuelve más valiosa en un mundo ruidoso, caótico y acelerado.

 

La inercia no se ve, pero todos los días se vive

 

La mayoría de las personas no toman decisiones desde cero; las toman desde el impulso de lo urgente, desde la inercia de “lo que siempre se ha hecho” o desde la presión de lo que alguien más espera. No porque sean negligentes o tontas, sino porque nadie les ha enseñado a hacer una pausa estratégica antes de actuar.

Hay un nombre técnico para describir esto: actuar bajo pensamiento reactivo. Y la mayoría de los contextos laborales actúan desde ahí.

¿Pero cuál es el problema de actuar desde la urgencia?

El problema es que no funciona. El costo no es visible de inmediato, no aparece en una métrica del día, pero el desgaste que genera sí.

Aparece meses después, cuando el esfuerzo acumulado no se traduce en el avance esperado, cuando el proyecto llegó al objetivo equivocado o cuando la solución implementada resolvió una parte, pero no el todo.

 

La diferencia entre avanzar un paso y avanzar cinco no está en cuánto trabajas. Está en qué tan claro tienes adónde vas y por qué.

 

El Foro Económico Mundial identifica el pensamiento analítico y el pensamiento creativo como las dos habilidades más demandadas para 2025, por encima de habilidades técnicas específicas. ManpowerGroup, en su encuesta global de talento 2024, documenta que el 75% de los empleadores reporta dificultad para encontrar personas con estas capacidades.

No porque no haya talento, sino porque el sistema no entrenó a las personas para pausar, diagnosticar y decidir con criterio antes de ejecutar; más bien las entrenó para reaccionar, resolver y pensar en la inmediatez.

 

Tres preguntas que podrían cambiarlo todo

 

Esto no requiere un sistema sofisticado ni horas de planificación. Requiere un hábito, cultivado y asumido con paciencia: antes de comenzar cualquier tarea relevante, hacerse tres preguntas simples.

La primera: ¿cuál es el objetivo real de lo que quiero lograr?

No el entregable, no la tarea: el resultado que sí genuinamente me importa.

Hay una diferencia enorme entre crear un tablero de datos y tomar una mejor decisión a partir de ellos. Entre diseñar una dinámica para estudiantes y activar en ellos la capacidad de aplicar lo aprendido en su propia realidad.

El objetivo real orienta todo lo que viene después y surge cuando somos sinceros con las intenciones reales de lo que queremos obtener.

Ejemplo: acción con objetivo disfrazado

Marcos tiene una pequeña empresa de ropa hecha a mano en Mérida. Sabe que por redes sociales “se posicionan las marcas” y que hay que publicar seguido, así que empieza.

Sube fotos del producto, copia formatos que ve en otras cuentas y publica cuando puede.

Algunas semanas publica todos los días; otras desaparece porque no sabe qué más decir.

Cuando alguien le pregunta para qué usa Instagram, responde: “para darme a conocer”.

Eso suena a objetivo, pero no lo es. No sabe a quién le habla, qué quiere que esa persona haga ni cómo sabrá si algo está funcionando.

Trabaja, pero sin dirección.

Acción con objetivo genuino y explícito

Un día Marcos se detiene antes de publicar y se hace una sola pregunta: ¿qué quiero que pase en la vida real gracias a lo que publico?

No en la app, en la vida real.

La respuesta tarda unos minutos, pero llega: quiere que mujeres de entre 25 y 40 años en su ciudad vean su trabajo, confíen en la calidad y le escriban para hacer un pedido.

Con eso claro, todo cambia.

Ya no publica para “estar presente”. Publica para que una persona concreta, con una vida concreta, sienta que esa ropa fue hecha para ella.

Menos publicaciones, más intención.

En un mes recibe más mensajes directos que en los tres meses anteriores.

La segunda: ¿qué evidencia me diría que esto está funcionando?

Implica reconocer: ¿qué cifra, qué dato o qué resultado me indicaría que mis esfuerzos realmente han valido la pena?

Más allá de la palmada de mi jefe.

Esta pregunta no solo es útil para quienes trabajan en organizaciones con sistemas de medición formales. También lo es para el coordinador que quiere saber si su equipo está aprendiendo, para el emprendedor que necesita saber si su estrategia de comunicación está funcionando y para el docente que quiere entender si sus alumnos están genuinamente aprendiendo.

Acción sin indicadores

Sofía es maestra en una escuela secundaria en una comunidad rural de Oaxaca. Planea una secuencia de tres clases sobre resolución de problemas matemáticos.

Prepara los materiales con cuidado, los alumnos participan y la clase fluye.

Al terminar la secuencia, Sofía siente que salió bien. Pero no puede responder con precisión si sus estudiantes aprendieron algo que podrán usar fuera del aula.

Acción con indicadores clave identificados

Antes de diseñar la primera clase, Sofía define algo pequeño pero preciso: al final de la tercera sesión, cada alumno va a resolver solo, sin ayuda, un problema que no vio en clase pero que usa lo mismo que aprendió.

No para calificarlos, sino para saber cuántos realmente transfirieron el aprendizaje.

El resultado le muestra que ocho de veintidós estudiantes no lograron hacerlo solos.

En lugar de avanzar al siguiente tema, dedica una sesión más a trabajar con esos ocho en grupos pequeños.

Ese ajuste no estaba en su planeación original. Pero es la decisión más importante que tomó en el mes.

La tercera: ¿quién o qué puede ayudarme a hacer esto realidad o mejor?

En un momento en que las herramientas de inteligencia artificial están disponibles para casi cualquier persona con acceso a internet, esta pregunta adquiere una dimensión nueva.

La IA no reemplaza el criterio humano que tú tienes, pero sí puede actuar como el equipo experto que muchas personas y organizaciones no tienen para operar y mejorar sus resultados.

No solo analiza, sugiere y estructura; también ayuda a capacitarte, comunicarte mejor y pensar en contexto y en objetivo para formular mejores preguntas.

Por lo tanto, la condición para aprovecharla de una manera mucho más efectiva y óptima es exactamente la que describen las primeras dos preguntas: saber qué buscas y cómo sabrás si lo encontraste.

 

Por qué esto es más difícil de lo que parece

Hacer estas preguntas cuesta, no por complejidad intelectual, sino por algo más básico: darle tiempo.

Pensar con claridad en contextos de alta exigencia y detenerse aunque sea cinco minutos antes de actuar puede sentirse como un lujo o, peor, como una señal de que no se está siendo suficientemente ágil.

Pero los datos apuntan en la dirección contraria.

Un estudio de McKinsey Global Institute sobre el futuro del trabajo en América Latina señala que las economías que más se beneficiarán de la automatización no serán las que más rápido adopten tecnología, sino las que mejor desarrollen en sus personas la capacidad de adaptarse, aprender y tomar decisiones en contextos de incertidumbre.

La velocidad sin orientación no escala: multiplica el esfuerzo en la dirección equivocada.

La barrera real no es el tiempo que toma la pausa. Es que nadie enseñó a hacerla, y mucho menos a ser tolerante con ella.

Los sistemas educativos en América Latina y en gran parte del mundo fueron diseñados para transmitir respuestas, no para entrenar la capacidad de hacer mejores preguntas.

El resultado es una brecha que no aparece en los currículos, pero sí en las trayectorias profesionales: personas capaces, comprometidas y que trabajan duro, pero que no tienen las herramientas para convertir ese esfuerzo en el impacto que realmente transforma sus vidas.

No es que falte talento; es que nadie enseñó a pensar antes de actuar.

Esa es una brecha de acceso, no de capacidad.

 

Esto se aprende

La capacidad de pausar, diagnosticar y decidir con criterio no es un rasgo de personalidad. Es una habilidad.

Y como toda habilidad, se desarrolla con práctica, con guía y con contextos que la valoren.

El primer paso es tan simple como incómodo: empezar por el principio, no por la inercia.

Antes de abrir el documento, antes de responder el mensaje, antes de lanzar la campaña, tomar cinco minutos.

Escribir en una hoja, en notas del teléfono o en lo que sea: ¿para qué es esto realmente?, ¿cómo sabré si funcionó?, ¿quién o qué me puede ayudar a hacerlo mejor?

No como ritual burocrático, sino como acto de orientación.

La diferencia entre hacer esto y no hacerlo no aparece en el primer intento. Aparece en el décimo, en el vigésimo.

Aparece cuando los proyectos empiezan a llegar adonde se quería que llegaran. Cuando el trabajo acumulado produce resultados que se sostienen en el tiempo. Cuando la persona que eres hoy puede tomar decisiones que la persona que eras hace seis meses no habría podido tomar.

Eso es adaptabilidad real: no cambiar por cambiar, sino desarrollar la capacidad de leer el entorno, decidir con criterio y reconfigurar la trayectoria cuando es necesario.

Es una habilidad de justicia económica y social, porque las personas que la tienen no solo trabajan: avanzan. Y las que no tienen acceso a desarrollarla se quedan atrapadas en el esfuerzo que no escala.

El mundo no se va a calmar, las agendas no se van a vaciar y la presión de lo urgente no va a desaparecer.

Pero, después de leer esto, la pregunta no es si vas a tener tiempo de pensar antes de actuar. La pregunta es si te lo vas a dar.

La próxima vez que vayas a comenzar algo que importa, detente. Escribe el objetivo real, no la tarea. Define cómo sabrás que funcionó. Identifica qué recurso o herramienta puede amplificar tu esfuerzo.

Y no es productividad, es criterio. Y el criterio, a diferencia de las horas de trabajo, sí escala.

 

FUENTES Y VERIFICACIÓN DE DATOS

  • Foro Económico Mundial. (2023). Future of Jobs Report 2023. World Economic Forum. Dato citado: 39% de las habilidades actuales cambiarán para 2030. Disponible en: www.weforum.org
  • ManpowerGroup. (2024). Talent Shortage Survey 2024. ManpowerGroup Inc. Dato citado: 75% de empleadores reporta dificultad para encontrar talento con habilidades analíticas y creativas. Disponible en: www.manpowergroup.com
  • McKinsey Global Institute. (2021). The future of work after COVID-19. McKinsey & Company. Referenciado en sección sobre adaptabilidad y economías latinoamericanas. Disponible en: www.mckinsey.com/mgi