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“No basta con tener una gran solución. Si la estructura que la contiene no es coherente con el problema que busca resolver, el impacto se diluye.”
Deborah Frieze, cofundadora de The Berkana Institute

 

 

Todos hemos visto cómo ideas brillantes terminan atrapadas en moldes que no les funcionan. Muchas veces escuchamos frases como: “hagamos una A.C.”, “copiemos la estructura de esa ONG exitosa” o “busquemos un modelo probado”. 

Pero aunque la intención sea excelente, el resultado suele ser frustrante: equipos dedicando tiempo y energía a procesos internos que no impulsan realmente su misión y que terminan por absorber tiempo y energía que debería ir directo hacia otros esfuerzos.

Un proyecto que busca empoderar a productores locales puede pasar meses cumpliendo reglas rígidas de una fundación heredada, en lugar de crear mecanismos de participación directa que generen impacto real. O un emprendimiento social que quiere ofrecer soluciones de salud accesibles puede quedar atrapado en un modelo de empresa tradicional, con inversionistas que presionan por rentabilidad inmediata en vez de apoyar la misión de largo plazo.

¿Te ha pasado? ¡A nosotros también! Y es que cada problema necesita su propia arquitectura, porque copiar modelos de éxito de alguien más solo lleva a dispersar esfuerzos y debilitar el impacto.

 

¿Qué pasa particularmente con América Latina?

 

En nuestra región, muchos proyectos siguen atrapados en estructuras heredadas: fundaciones rígidas, A.C.s que no reinvierten ingresos o empresas sociales que no pueden acceder a fondos públicos. Esta falta de estructuras alineadas al propósito es un enemigo silencioso que frena la innovación.

Un estudio publicado en 2023 por Civic House, Donar Online y Kubadili lo confirma: gran parte de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) en América Latina depende en exceso de financiamiento externo, lo que las deja en una situación frágil y vulnerable.

Por eso, en Impulsera creemos que es urgente hackear las formas organizativas. No por moda, sino para construir proyectos que puedan sostenerse y sobrevivir con coherencia en contextos adversos.

 

¿Cómo elegir la arquitectura organizacional adecuada?

 

A través de nuestros programas hemos identificado un punto de partida para construir una arquitectura organizacional más genuina y alineada, y empieza por plantearse estas preguntas:

  • ¿Tu impacto debe replicarse de manera idéntica o adaptarse localmente?
  • ¿Quiénes son los actores clave que deben tener voz en las decisiones?
  • ¿Qué es más importante, eficiencia operativa o capacidad de innovación?
  • ¿Cómo sostendrás económicamente el proyecto sin traicionar su propósito?

Al responderlas, comienzas a definir cómo se toman decisiones, cómo fluye el poder, cómo se sostiene el propósito y cómo se distribuye el valor. Aquí es donde entran en juego los arquetipos organizacionales, herramientas prácticas que orientan la estructura de tu proyecto para que sea coherente y efectivo.

 

Qué son los arquetipos organizacionales

 

Un arquetipo organizacional no es un molde rígido ni un traje de talla única, sino más bien es un patrón que guía cómo se toman decisiones, cómo se distribuye el poder, cómo se sostiene el propósito y cómo se organiza la entrega de valor. Su origen se relaciona con los estudios de Peter Senge sobre sistemas y organizaciones, donde los patrones recurrentes ayudan a comprender y gestionar organizaciones complejas.

Para elegir tu arquitectura organizacional puedes apoyarte en distintos arquetipos organizacionales que pueden servir como guía para proyectos de impacto, con ejemplos y recomendaciones sobre cuándo elegirlos.

 

Una red coordinada

Una red coordinada es ideal cuando tu proyecto opera en diferentes territorios y quieres que cada grupo pueda adaptarse a su contexto local, pero manteniendo una visión común. Piensa en un núcleo pequeño que actúa como soporte central, ofreciendo comunicación, aprendizaje y herramientas tecnológicas, mientras que cada “célula” local toma decisiones según lo que necesita su comunidad.

Por ejemplo, Global Alliance for the Future of Food agrupa iniciativas alimentarias locales que comparten principios y estándares, pero cada grupo decide cómo implementar los proyectos según su región. Este arquetipo funciona cuando deseas que tu impacto se apropie localmente sin perder coherencia global.

 

La cooperativa multiactor

La cooperativa multiactor es perfecta para proyectos donde varias personas o grupos crean valor juntos, como productores, usuarios o aliados estratégicos. Aquí, todos participan en la toma de decisiones y en la propiedad, y cada voz tiene peso proporcional a su rol.

Un ejemplo es  Smart.coop  en Bélgica, una plataforma donde freelancers culturales se unen para compartir recursos y protección social. Cada decisión importante se toma en conjunto y los beneficios se reparten de manera justa. Este arquetipo es útil cuando la colaboración equitativa y la redistribución de poder y beneficios son centrales a tu propósito.

La organización en espiral

La organización en espiral está pensada para equipos pequeños y comprometidos, que valoran la autonomía y la capacidad de adaptarse constantemente. No existen jerarquías fijas: los roles pueden rotar y las decisiones se toman por consenso. El propósito del proyecto evoluciona con el tiempo según el aprendizaje de los equipos.

Buurtzorg en Países Bajos es un ejemplo notable: más de 15,000 enfermeras trabajan en 950 equipos autogestivos, sin gerencia media, y solo 45 personas en la oficina central. Cada equipo decide desde horarios hasta los servicios que ofrece, priorizando la atención humana por encima de la burocracia. Este arquetipo es ideal cuando la capacidad de adaptarse y de innovar constantemente es más importante que seguir procesos rígidos o alcanzar eficiencia operativa inmediata.

 

La fundación experimental

La fundación experimental combina investigación, intervención territorial y sostenibilidad de ingresos. Funciona como una entidad sin fines de lucro que se alía con unidades de negocio para sostener su impacto y explorar nuevos modelos. Ashoka es un buen ejemplo: sus iniciativas regionales combinan filantropía, formación, consultoría e innovación, permitiendo que los emprendedores sociales experimenten y escalen soluciones sin perder legitimidad frente a distintos ecosistemas. Este arquetipo es útil cuando necesitas integrar múltiples funciones y construir confianza en distintos actores y contextos.

En la práctica, estos arquetipos no se usan como fórmulas rígidas. Sirven como guías para pensar cómo organizar tu proyecto según tus objetivos, tus recursos y los actores involucrados.

Muchos proyectos combinan elementos de varios arquetipos: por ejemplo, pueden tener un núcleo central que coordine una red de equipos locales (red coordinada) y al mismo tiempo asegurar que los equipos participen de manera equitativa en decisiones clave (cooperativa multiactor).

La clave está en comprender los patrones que cada arquetipo propone y adaptarlos a tu realidad para que la estructura de tu proyecto potencie, y no frene, tu impacto.

 

La pregunta que nos queda a reflexionar sobre tu arquitectura organizacional: 

¿Tu proyecto está operando en una estructura que lo potencia o que lo limita?

 Si tu modelo organizativo te quita más energía de la que te da, quizá no necesitas una nueva estrategia: necesitas otra arquitectura organizacional.