En febrero de 2023, el distrito escolar de Walla Walla, en el estado de Washington, bloqueó el acceso a ChatGPT en las computadoras de sus 5,500 estudiantes. Seis meses después, ese mismo distrito reunió a cien profesores en un salón de bachillerato para enseñarles a usar la misma herramienta que habían prohibido. En medio hubo pánico, cierre de puertas y, finalmente, una pregunta que cambió el rumbo: ¿de qué sirve prohibir algo que la comunidad educativa y principalmente los estudiantes ya usan?
La respuesta llegó primero de los distritos más grandes. Los Ángeles y Nueva York, los dos sistemas escolares más grandes de Estados Unidos, por su parte Los Ángeles lo explicó sin rodeos: los estudiantes con dispositivos propios en casa ya usaban la herramienta sin restricción, mientras quienes dependían de la infraestructura escolar lejos de mejorar sus trayectorias se quedaban atrás (Singer, The New York Times, 2023). La prohibición no protegió a nadie, solo amplió la brecha entre quien tenía acceso y quien no.
“Prohibir la IA no protegió a nadie, solo amplió la brecha entre quien tenía acceso y quien no”.
No todos los distritos llegaron a la misma conclusión. Por su parte, Milwaukee mantuvo el bloqueo, por lo que su situación fue muy distinta, ya que el no diagnosticar, diseñar e integrar estas herramientas causaba que sus profesores llegaran con meses de rezago frente a colegas de otros distritos que ya habían construido las habilidades necesarias para trabajar con inteligencia artificial (IA). La diferencia entre un distrito y otro no solo fue la tecnología disponible, sino la decisión de convertir o no la adopción de una herramienta de tal magnitud en una capacidad compartida.
Y es por esto que este ejemplo nos resuena, porque esta historia habla de algo más grande que la IA o la inducción de la tecnología en la educación: habla de cómo se activa o se bloquea la transcendencia en los nuevos modelos de educación. Entendiendo como transcendencia el momento en que el desarrollo de habilidades transferibles de una persona, o de un grupo se convierte en transformación de su trayectoria y entorno. Es cuando el aprendizaje se replica en otros y queda instalado en el sistema como nuevo formato para operar y no solo en quien lo adquirió.
En América Latina, donde el acceso a oportunidades está marcado por desigualdades estructurales, esta distinción marca la diferencia entre programas que mejoran la vida de una persona y programas que fortalecen la capacidad de una comunidad completa.
El caso de Walla Walla ilustra, sin proponérselo, los tres mecanismos que activan la transcendencia: habilidades transferibles, efecto red y capacidad instalada. Ninguno de los tres depende de la tecnología en cuestión. Funcionan igual si el reto es la inteligencia artificial, la automatización de procesos o cualquier cambio que desplace lo que antes se daba por establecido.
Las habilidades transferibles no están atadas a un contexto específico. Cuando una profesora de literatura del distrito aprendió a usar un chatbot para diseñar ejercicios de análisis de personajes, no solo resolvió un problema puntual de planeación. Aprendió a diagnosticar qué herramienta usar frente a un problema desconocido, una capacidad que le servirá mucho después de que ChatGPT deje de ser novedad.
En este nuevo modelo impera el proceso y no la herramienta, solo así se crean capacidades que perduran: pensamiento crítico, resolución de problemas y capacidad de adaptar herramientas nuevas a necesidades concretas.
Este mismo patrón ocurre fuera de las aulas. Por ejemplo cuando Luis, gerente de operaciones en una empresa mediana en México, aprende a descomponer un problema complejo en partes manejables para su equipo. La aplicó en decisiones que no tenían nada que ver con su capacitación original y la habilidad no se agotó en él: se replicó en cada persona que trabajó con él.
La habilidad no se agotó en el: se replicó en cada persona que trabajó con él después. A eso llamamos transcendencia.
El efecto red es lo que ocurre a continuación. En Walla Walla, cien profesores capacitados en un solo día se convirtieron en multiplicadores para miles de estudiantes que nunca asistieron a ese taller. En la empresa de Luis, su equipo de cinco personas empezó a transformar cómo se resolvían problemas en áreas que ni siquiera le reportaban a él. El impacto de una persona capacitada no es lineal: se multiplica cuando el sistema está diseñado para que se replique.
Los datos confirman la urgencia de diseñar para esto. El Foro Económico Mundial estima que 39% de las habilidades clave de la fuerza laboral cambiará para 2030, y que 84% de los empleadores en América Latina y el Caribe planea desarrollar las capacidades de su personal internamente en los próximos cinco años, en lugar de esperar a que lleguen ya formadas desde el sistema educativo (Foro Económico Mundial, 2025). Las organizaciones ya dieron por hecho que sus equipos van a aprender algo nuevo. Lo que todavía tienen que resolver es si ese aprendizaje se queda en una persona o se convierte en capacidad instalada.
Capacidad instalada es lo que queda después de que termina el programa, el taller o la moda tecnológica del momento. Walla Walla no le entregó a sus profesores una licencia de ChatGPT y los dejó solos, construyó un comité asesor con quince administradores y docentes, definió lineamientos de uso responsable y diseñó un proceso de capacitación continua que sigue operando después del taller inicial. Eso distingue transcendencia sostenible de aprendizajes aislados y pasajeros.
La brecha que se amplió en Los Ángeles cuando algunos estudiantes accedían a IA desde casa y otros dependían por completo de la escuela tiene un paralelo directo en América Latina. La OCDE ha documentado que la escolaridad por sí sola no cierra las brechas de ingreso marcadas por género y origen socioeconómico en la región; lo que las cierra es la capacidad de convertir ese acceso en resultados concretos (OCDE, 2025). Bloquear una herramienta nueva sin construir la capacidad de usarla bien no protege a nadie: solo pospone la brecha hasta que se vuelve imposible de ignorar.
Esto es lo que está en juego cuando se decide bloquear en lugar de enseñar: quién construye la capacidad de transcender y quién se queda esperando instrucciones que nunca llegan. La discusión de fondo nunca fue sobre pantallas ni sobre chatbots. Cuando un sistema educativo elige el bloqueo sobre la capacitación, no elimina el riesgo: lo traslada a quienes menos recursos tienen para enfrentarlo por su cuenta.
Reconocer lo que está cambiando, activar la capacidad de responder y reconfigurar la trayectoria a partir de eso es el primer paso real hacia la transcendencia.
Luis no solo cambió su propia trayectoria, cambió lo que su equipo puede hacer sin él. Los profesores de Walla Walla no solo aprendieron a usar una herramienta nueva, sino que le mostraron a un distrito completo que el bloqueo nunca fue la respuesta correcta. Esa es la pregunta que vale la pena hacerse antes del próximo cambio tecnológico, ¿estás construyendo personas que saben algo, o estás construyendo un sistema que sabe transcender?
Fuentes principales
- World Economic Forum (2025). Future of Jobs Report 2025.
- World Economic Forum (2025). El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe: cerrar la brecha de habilidades digitales.
- Singer, N. (2023). ChatGPT vuelve a clases: las tareas escolares en la era de la IA. The New York Times en Español.
- OCDE (2025). Social Mobility and Inequality in Latin America and the Caribbean. [Pendiente de verificación — ver tabla de fuentes]